En todo el mundo y con especial énfasis en América Latina, se ha constatado en los últimos años la irrupción de un nuevo movimiento social caracterizado por determinado dinamismo económico basado en valores como la solidaridad, la cooperación, la ayuda mutua, la reciprocidad, la participación plena y el cuidado del medio ambiente.
La economía solidaria se nutre de dos vertientes (vertiente de la convicción y vertiente de la necesidad) y presente tres dimensiones bien definidas (es a la vez un movimiento de ideas, un nuevo paradigma interpretativo y una forma concreta de hacer economía). Estas complejidades contribuyen a darle un perfil definido a la vez que amplio, suscitando la convocatoria de diferentes actores que ven en estas modalidades de producción, distribución, consumo y ahorro, salidas concretas para amplios sectores desfavorecidos de la sociedad, a la vez que caminos concretos para avanzar hacia sociedades y economías más justas y humanas.
En el caso de Uruguay, este dinamismo ha llevado a la constitución de espacios públicos e institucionalizados en donde productores y consumadores puedan compartir los principios de la economía solidaria. Asimismo, Retos al Sur está apoyando el fortalecimiento de estos espacios, en una óptica de intercambio, de participación y de mutuo crecimiento.